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Los juicios de valor

  • Foto del escritor: Manuela Nuñez
    Manuela Nuñez
  • 26 oct 2021
  • 2 min de lectura

Nos relacionamos con los demás desde el juicio, pasando por alto que todas estamos haciendo lo mejor que podemos con lo que tenemos. Si estamos juzgando a quienes están en nuestro alrededor, es un indicador de que nos estamos juzgando a nosotras mismas y no estamos conscientes de nuestras propias limitaciones.

El juicio es algo que hemos normalizado tanto, que ni siquiera somos conscientes de los momentos en los que estamos evaluando a los demás desde nuestra propia moral, desde lo que yo considero que está bien o está mal. Son ilimitadas nuestras capacidades para juzgar a los demás, casi tanto como nuestra capacidad de etiquetar y encasillar a las personas. Los juicios surgen cuando comparamos lo que sucede con lo que se supone que debería suceder y luchamos contra la realidad. ¿Esto qué quiere decir? Si analizamos detalladamente lo que significa un juicio, nos damos cuenta que el juicio que hemos lanzado dice TODO de nosotras y absolutamente NADA del otro. Por que estoy evaluando esa situación desde mi propia percepción, sin conocer cuál es el motivo, razón o intención que ha llevado a esa persona a actuar de determinada manera.


Emitir juicios sobre los demás simplemente expone que estamos observando desde la ignorancia, desde el desconocimiento del otro. Categorizar algo como "bueno" o "malo" es quedarse en la superficie de las cosas, ya que la realidad es neutra, todo depende del lado donde se mire. Juzgar desde mi perspectiva, asumiendo que mi visión es la única correcta, es un acto egocéntrico que nos genera sentimientos de frustración, resentimiento, tristeza... En cambio, cuando miramos desde la humildad podemos aceptar que desconozco cuáles son los motivos, dolores, procesos de los demás y que en realidad todas estamos haciendo lo mejor que podemos con lo que tenemos y sabemos. En vez de entregar nuestra energía a señalar a los demás, usémosla para mirarnos a nosotras mismas al espejo y aprovechar esas situaciones de dolor para conocernos como seres humanos. Si ignoro quién soy yo, cuáles son mis miedos, cuáles son mis motivaciones, cuáles son mis valores, ignoraré quienes son los demás, sus miedos y no entenderé porqué son las personas que son. Lo que más me molesta de los demás es lo que más me molesta de mi misma. Recuerda que todo es un espejo y la vida es muy generosa, nos dará todas las oportunidades que necesitemos para poder sacar a la luz nuestra parte oscura. Cuando aceptamos que nuestra realidad no es la única verdadera podemos relacionarnos con nuestro entorno desde el respeto, desde la humildad y desde el amor. Sólo podemos dar aquello que nos hemos dado a nosotras mismas. 


"Aquello que no puedes aceptar es la única causa de tu sufrimiento." Gerardo Schmedling.

 
 
 

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