Lo que dice nuestro cuerpo
- Manuela Nuñez
- 26 oct 2021
- 2 min de lectura
Consideramos que nuestras emociones, nuestros pensamientos y nuestro cuerpo están separados y no están relacionados. En este post explicaré de qué manera están relacionados y cómo podemos aprender a escuchar nuestro cuerpo para poder expresar nuestras emociones.
Muchas veces sentimos alguna incomodidad interior pero no sabemos muy bien qué significa y tampoco nos tomamos el tiempo para poder identificarla. Cuando fuimos creciendo no nos enseñaron a nombrar nuestras emociones y sí nos enseñaron a reprimirlas, por tanto hoy somos adultos que no sabemos qué, ni cómo, ni cuándo expresarlas. Hacemos lo mejor que sabemos con la información que tenemos, pero ¿qué pasa cuando lo mejor que sabemos hacer es reprimir aquello que sentimos?
Las emociones no son positivas ni negativas, son información de cómo percibimos, valoramos y entendemos el mundo que nos rodea. Cuando experimentamos una emoción, inconscientemente, estamos expresando nuestras creencias que son establecidas a partir de nuestros pensamientos más profundos. Las emociones que tenemos generan una reacción en nuestro cuerpo y si nos aferramos constantemente a esta emoción nuestro cuerpo puede manifestar ese malestar en forma de enfermedades, dolores crónicos. Este proceso puede suceder incluso únicamente en nuestra mente. Por ejemplo, si yo me imagino una situación que me genera mucho miedo, puedo experimentar cómo mi ritmo cardíaco se altera, mi respiración se vuelve más corta y rápida, incluso puedo sentir que las palmas de mi manos sudan. Todo esto es porque nuestra mente no puede diferenciar entre lo que sucede en el mundo real y en nuestra imaginación. Pero además, esto pasa porque nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestro cuerpo están conectados, de lo contrario, no podríamos darnos cuenta que estamos teniendo emociones, la expresión de nuestro cuerpo es el manifiesto de lo que sentimos. Si no expresamos aquello que sentimos, nuestra mente se va cargando poco a poco, gota a gota, hasta desbordarse y llegar a un punto de saturación. Nuestra biología está diseñada para cuidarnos y protegernos, para garantizar nuestra supervivencia, por este motivo, cuando nuestra mente se satura, la emoción es liberada a través del cuerpo, generando algún síntoma con el fin de hacernos conscientes de que hay una situación por solucionar.
El problema que tenemos en la actualidad es que cuando tenemos un síntoma, en vez de tomarnos el tiempo y escuchar nuestro cuerpo, lo que hacemos es medicarlo, callando el síntoma sin solucionar el problema. Haciendo que el síntoma se repita una y otra vez. No nos tomamos el tiempo en aprender y conocer nuestras emociones, no desarrollamos nuestra inteligencia emocional y buscamos las soluciones de nuestros dolores fuera. Incluso, he tenido clientes que sabiendo cuál es la situación dolorosa prefieren medicarse con el fin de no enfrentar ese dolor, sin darse cuenta que el dolor y problema sigue dentro de ellos. La única forma de sanar nuestras experiencias pasadas es permitir que esas heridas se abran nuevamente y escuchar lo que nos tienen que decir. Solamente tú puedes conocer tu verdad, para sanarte emocionalmente has de tener amor propio, autoaceptación y valentía para enfrentar aquello a lo que tanto has temido. Lo paradójico de este proceso es que cuando enfrentas tus miedos, éstos desaparecen.
¿Cuánto tiempo lleva tu cuerpo avisándote que necesitas escucharte? ¿Qué tan saturada está tu mente?




Comentarios